Friday, January 27, 2012

Un Invierno en Nueva York

Se siente bien estar de vuelta aunque sea sólo por diez días. Algo en NY incentiva la creatividad de gran manera, y creo que por primera vez advierto cual es la fórmula mágica de esta ciudad: Estimulación Visual.

Son tantas las cosas que suceden a nuestro alrededor que es difícil que las ideas no surjan. Calles aglomeradas, niños lanzándose bolas de nieve, modas raras, pasajeros que abordan el autobus y le ruegan al chofer que los lleve sin pagar, etc.

Me he pasado varios días organizando mis libros viejos, empacándolo para enviarlos a California. Mientras uno va por ese proceso se da cuenta que a pesar de lo mucho que uno quiere los libros, es un dolor de cabeza estar en eso, y que la tecnología lamentablemente (Para los libros de papel) terminará facilitando las mudanzas.

También me he topado con muchísimos manuscritos, y me sorprendo de lo productivo que fui en mis años en la ciudad y de lo poco que he escrito desde que me mudé.  A veces me pongo a pensar que la ciudad en la que vivimos tiene mucho que ver con nuestra productividad literaria, que una Habana, un Paris, un Santo Domingo, un Nueva York, un Buenos Aires, influye mucho en la motivación. Aunque claro, hay gente que prefiere estar aislados escribiendo desde sus cabañas o ciudades olvidadas.

El proceso de empacar los libros que iba a enviar a mi casa de cierta manera fue como si estuviese editando una obra. Ya que muchos libros no eran lo suficientemente importante para mí para enviarlos. Algunos de ellos no pensé que los re-leería, y otros, aunque buenos, no pensé que se merecían el precio de envio.

Los libros de Borges, Onetti, Cortazar, Steinbeck, Rulfo, Kafka, Dostoyevsky y Bioy fueron los que pasaron el examen. También los libros de mis amigos blogueros se irán conmigo. Para mi próximo viaje, me llevaré los libros que no calificaron para abordar la primera clase.

Este invierno primaveral me ha sentido bien, me siento rejuvenecido después de este viaje y con mucho más ganas de crear. Me resulta interesante ver lo que una amada ciudad puede hacer.




Sunday, January 15, 2012

Las Llegada (Segunda Parte)


San Mateo es el nombre de mi nueva ciudad, irónico que tenga que albergar a un ateo como yo. Pero así es la vida, llegamos a vivir en aquellos lugares donde nos empuja el viento.

Por estos lados los dominicanos somos poco conocidos. Rara vez se topa uno con una persona que pueda ubicar nuestro país en un mapa o que haya escuchado acerca de nosotros. Cuando hablas de tu nacionalidad inmediatamente piensan que eres de algún país sudamericano o quién sabe dónde. Todo esto es por supuesto es nuevo para mí ya que siempre viví en lugares en donde había un gran número de compatriotas y en dónde a veces se conocía bien lo bueno y lo malo de nosotros.

Cuando se vive en lugares en donde hay poblaciones grandes de dominicanos terminamos subestimando tantas cosas que luego cuando estamos lejos advertimos que tan importantes eran esas cositas que y nos olvidábamos del rol que jugaban para hacernos extrañar menos la tierra que habíamos dejado atrás.

En Nueva York se extraña mucho ese terruño caribeño, pero el estar rodeado de gente dominicana, de productos dominicanos, del hablar y la música dominicana, la mente se condiciona y se engaña.

El otro día Jon Stewart decía que lo que tradicionalmente hacía de este país algo grandioso, era el ver como la gente que había tenido cierto éxito acogía al recién llegado y le ayudaba a sobrevivir, mostrándole truquitos de la ciudad, dándole posada hasta que éste o estos pudiesen caminar por su cuenta.  Lo he parafraseado y como buen parafraseador he agregado cosas que él no dijo esta semana en una de esas entrevistas que les hace a sus invitados. (El comentaba que estaba bien que le aumentaran los impuestos a los ricos para ayudar a los pobres.)

Eso que cuenta Stewart es parte de lo que sucede cuando muchos de nosotros llegamos a esa gran metrópolis y nuestros familiares o amigos empiezan a mostrarnos los truquitos de la ciudad, nos hablan de las leyes, de que nos multarán si nos meamos, si tiramos basura o si bebemos cerveza en la calle. Nos aconsejan que si entramos al Subway sin pagar o si nos pasamos de vagón a vagón mientras el tren va en movimiento nos pueden dar un 'somo'. A través de estos ‘Guías turísticos’ vamos aprendiendo de los estereotipos que circulan por la ciudad, que los morenos son atracadores, que los dominicanos venden drogas, que los boricuas se la fuman, que los blanquitos son la gente más decentes y educadas que existen.

También nos van educando acerca de las formas de buscar trabajo, nos dicen donde venden más barato, si no sabemos inglés nos enseñan palabritas como excuse me o sorry para que no nos golpeen si pisamos o empujamos a alguien dentro del autobús o de un vagón del tren.

Otra cosa que nunca falta es  el curso intensivo en como tomar un bus o el tren. Recuerdo la primera vez que vi un mapa del sistema de trenes de NY. Mi papá me explicaba con lujo de detalles como funcionaba todo y qué tenía que hacer si me perdía o me pasaba de estación. Yo le tomé el hilo de inmediato, pero me imaginé en ese instante lo difícil que ha de ser para personas que no hablan inglés acostumbrarse a un sistema tan complejo, a un sistema que no tiene nada que ver con ese de sus países en donde no se viaja con mapa sino con buena memoria. En países en donde pasajeros y choferes se desplazan en base a materia gris y no a mapas o ‘GPSeses’

Ahora que hablo de este tipo de choferes, me acuerdo de mi papá cuando vivíamos en La Vega y como muchas veces cuando alguien tenía que viajar a la Capital o algún rincón del país a él era el primero que buscaban ya que sabía andar por todo el país.

Bueno, el punto que quiero hacer es que cuando se llega a NY o a un lugar en dónde alguien nos muestra como funciona todo es mucho más fácil moverse y adaptarse.

Mi llegada a estos lados fue totalmente distinta. Llegué sin saber dónde tenía que ir para conseguir la mínima cosita. Cada descubrimiento fue un pequeño logro: Encontrar una barbería, el hallar un lugar en donde vendían plátanos, cómo utilizar el transporte público, cómo pagar el pasaje, cómo saber que se está en el tren o bus correcto etc. 


Cuando se está solo en una tierra extraña los sentidos se agudizan y uno trata de absorber cada detallito, se vive con los ojos bien abiertos, tratando de entender como todo funciona, cómo se comporta la gente, cuales leyes se aplican, cuales no, etc.

Estar de este lado del país hace que extrañe no sólo a mi tierra, si no a mi gente. Hace que vea con otros ojos a NY, esa ciudad tan acogedora que lo tiene todo y nos hace adictos a sus encantos. Entre las cosas que extraño: Extraño a los morenos y sus tumbaos, sus swaguers, sus acentos, sus historias, su hustling. Extraño a los dominicanos, sus diálogos, sus historias acerca de demandas, sus bullas, sus barberos, sus productos alimenticios, extraño verlos bailar, extraño verlos machucar su inglés, hablar de Don Francisco, de Leonel. También me hacen falta los boricuas y su Patriotismo extremo, extraño escuchar a las estrellas de la Fania en cada Esquina del Bronx, me hace falta escucharlos decir ajoz o cajo en vez de carro. Me hace falta Central Park, Union Square, Washington Heights, Fordham Road, Spanish Harlem, El Village, jugar softball los domingos, jugar basketball con los morenos que donquean. Me hace falta saber de los Yankees, de los Knicks, de Boston, de Bloomberg, de los políticos y médicos dominicanos que estafan la ciudad, me hace falta escuchar hablar de las alertas rojas en Times Square, me hacen falta los personajes del Subway, los artistas hambrientos, los pordioseros, los andrajosos, los yuppies, los hipsters de Brooklyn, los amigos, las fiestas de salsa, etc.

A pesar de todo, de este lado también hay cosas que me calman, toparse con las cadenas de tiendas americanas de cierta manera me hace sentir en casa. Escuchar bachatas siendo tocadas en los carros de muchos mexicanos, el clima, la calma y el sol hacen que de cierta forma me acuerde un poco a mi República Dominicana...

En inglés hay una frase que dice que la distancia hace ensanchar al corazón, siento que eso es lo que me está pasando. Por suerte ya me he adaptado y la llegada se ha transformado en otra cosa que no puedo definir. Ya con lo poquito que sé podría mostrarles a otros como funcionan las cosas por estos lados. Después de todo... ¿De qué sirven los conocimientos si no se comparten?

Friday, January 6, 2012

Las Llegadas


El otro día una amiga se quejaba por Facebook del frío de Nueva York y yo quise comentarle en su estatus con un link de Balbuena diciendo su clásica frase: “Tu no querías Nuebayol? Coge Nuebayol” Pero no pude encontrar el video clip exacto, gracias a esto terminé descubriendo en Youtube que alguien había posteado en diez partes la clásica película dominicana, Nuebayol. Como no la había visto desde que se extrenó en el 1995 decidí verla otra vez.

 Esta vez, después de vivir 11 años en NY la vi con otros ojos, el film tomó otra vida y pude apreciarlo de una manera distinta.

Recuerdo que en aquellos tiempos no le hallé nada malo a la película y que a través de los años seguía considerándola una de las mejores de Rep. Dominicana sin ni siquiera acordarme bien de la trama.

Durante esta segunda ocasión pude notar muchas de sus deficiencias, la actuación media teatral del primo de Balbuena, el acento raro de la enamorada de Balbuena, que sin ponerme a googlear podría decir que suena más como acento venezolano. Pero a la vez pude percibir, lo bien reflejadas que quedaron las idiosincracias dominicanas. Incluso descubrí que la película se le ha entrado tanto por las venas a los dominicanos de New York, que hay chistes que personas que ha visto la película te hacen en los que ellos cuentan anécdotas de cosas que le pasaron a alguien que ellos conocen, pero inconscientemente ellos relatan sin darse cuenta escenas de esa película. En fin, me gustó mucho verla y comparar mi llegada a Nueva York a esa de Balbuena.

Recuerdo vagamente que cuando mis dos hermanos, mis padres y yo llegamos nos tuvieron que dividir, para que la carga no fuera tan pesada. Yo me quedé con mi tía, mis hermanos con mi abuela y mis padres con mi tío. (Pensándolo bien voy a tener que preguntarle a mis hermanos y padres dónde fue exactamente que ellos se quedaron cuando llegaron porque ahora mismo eso no es un dato que tengo bien claro.) No me da vergüenza el no tener esos datos claros ya que de cierta forma cuando uno escribe y trata de desempolvar los recuerdos de vez en cuando uno termina dándose cuenta que hay cosas en las cuales no habíamos pensado en mucho tiempo que ya no son tan precisas, que el tiempo nos las ha cambiado y entonces tenemos que recurrir a la memoria de los otros para ver si nos dan una aclaración de esos acontecimientos ‘históricos’.

En la película Fellito y Balbuena caminan por las calles de Manhattan y entran a un montón de tiendas a buscar trabajo. Esas escenas me causaron risa porque mi tío también hizo lo mismo conmigo. Con apenas dos semanas en la ciudad, y sin todavía tener mi tarjeta de Seguro Social, mi tío ya me estaba llevando a un sin número de tiendas para ver si me daban trabajo. Ya de esas tiendas no me acuerdo, la única que recuerdo es de esa visita que hicimos a un Mcdonald de la calle 207. Recuerdo que desde que él mencionó que aún no tenía Social Security dijeron que no había nada para mí.

Semanas después, a través de una amiga mi tío logró conseguirme un trabajo en una factoria de NJ. En esa factoría se fabricaban cajas plásticas para video cassettes . Ese fue mi primer trabajo, cuatro días después, a través de un amigo me consiguió un trabajo mejor en Manhattan en donde trabajé por casi 7 años. A mi me gusta mucho contar la historia de ese primer trabajo, de cierta manera me gusta más contarla oralmente que escribirla, ¿No sé por qué? ¿Quizás sea la vagancia? Creo que siempre hay cosas que se dicen mejor cara a cara. 


Bueno... de todos modos sólo quería comentar en esa similitud entre mi llegada a la de Balbuena. También de cierta manera siempre me ha gustado saber cuales han sido los primeros trabajos de la gente que conozco o la gente famosa, me resulta interesante porque muchas veces uno puede ver que tan lejos han llegado o que tan cerca están de sus inicios. Creo que por eso disfruté tanto escuchar el audiobook de la biografía de Steve Jobs. (A propósito del tema, ayer leí una entrevista que le hicieron al comediante Louis C.K. en la cual el mencionaba que llegó a trabajar en una tienda de video, en un taller de mecánica y en un Kentucky Fried Chicken.)  

Retomando la conversación acerca de las llegadas… también recuerdo cuando salí del JFK con maletas en manos y la primera persona que vi fue un hombre vestido totalmente de negro, con un sombrero puesto y con mechones rizados de cabellos que le bajaban hasta el cuello. Extrañamente la vestimenta del tipo me evocó la imagen de Abraham Lincoln. Años después cuando vi una guagua llena de hombres vestidos igual que el tipo, me di cuenta que esa vez me había topado con un judío jasídico.

Aunque esto que voy a decir es medio random, otra cosa que me llamó la atención cuando llegué a NY fue ver lo iluminada que estaban las autopistas y lo moderno que se veían los anuncios de tráfico en la calle. Esas letras anaranjadas aún las recuerdo como si fuera ayer. (Looking back, creo que mi admiración por la claridad de la ciudad en aquel tiempo tuvo mucho que ver a que acaba de llegar de la tierra de los apagones, en donde las autopistas hay que manejarlas con luces altas por que casi no se ve nada.)

P.D. Se siente bien llegar de nuevo a este blog, aunque la tecnología haya avanzado tanto desde esa primera vez que escribí aquí en Septiembre del 2005, aún se siente bien compartir estas palabras con los internautas que a veces por error o por costumbre se asoman por aquí. Aunque ya existan métodos más modernos y fáciles para expresar ciertas cosas, hay cosillas que sólo el formato largo de un blog las hace florecer.

Saturday, December 31, 2011

La Doña y su Silla de Ruedas


Ayer tarde salí del super mercado y cuando le voy pasando por el lado a una viejita ella me habla. Para escucharla mejor me quito los audífonos y le pido que me repita lo que me dijo.

“Me puedes empujar hasta la parada del autobús?”

Lo pensé por unos segundos y accedí a su petición. En su silla de ruedas cargaba todo su mundo, al parecer vivía en la calle y llevaba a rastros un montón de bolsas llenas de ropas y corotos.

La silla estaba pesada y era bien incómodo empujarla, porque al tener tantas bolsas colgadas, era difícil empujarla de cerca. Tuve que hacerlo con mis brazos extendidos. Mientras la empujaba veía su pelo corto y gris. (Noté que tenía una cicatriz de más o menos una pulgada en la cabeza.) Ella fumaba silenciosamente un cigarrillo y esto me resultó intrigante. Pensé de inmediato en el cigarrillo como instrumento que facilita un suicidio lento, además me empecé a imaginar la vida de vicio que quizá llevaba la ancianita.

La parada de la guagua no se veía por ningún, ya había caminado unos 100 metros y ya estaba imaginándome un sin número de cosas raras. ¿Y si se me cae de la silla la vieja y me quiere demandar? ¿Se pasará esta señora todo el día pidiéndole a la gente que la empujen? Bueno, me imaginé que sí, el cigarrillo de cierta manera me hizo verla como una ancianita muy astuta y no la culpo, si estuviera en la misma situación también haría lo mismo, ya que en esta ciudad de California no queda nada cerca.

Otra cosa que me vino a la mente fue lo raro que seguramente se veía la escena de este joven bien vestido empujando a una señora inválida y desamparada. A la misma vez me imaginé lo radical que se vería una foto mía con ella, ella fumando su cigarrillo y yo con mi audífonos puestos. La foto reflejando totalmente la soledad del ser humano y como cada cual estaba ensimismado, ella con su cigarrillo y yo con mis audífonos blancos, sin en ningún momento vernos tentados a entablar una conversación.

Cien metros más tardes llegamos a la parada de la guagua. La dejé al lado de una banca y cuando la veo de frente y me despido, me doy cuenta que ella quería darme una propina.
En sus manos tenía tres dólares estrujados, extendió su mano para dármelos para pagarme el favor. Le dije que no, le dije adiós y me fui.

Su gesto me sorprendió muchísimo, y de cierta manera borró esos prejuicios que me había establecido sin conocerla a través de nuestro trayecto. El final de esta historia, ni Cervantes se lo hubiese imaginado, esta es una de esas situaciones en que la realidad trasciende la ficción. A fitting ending, a fitting ending.

Wednesday, December 28, 2011

De Vuelta a Casa

No puedo creer que fue en Agosto que prometí que volvería a escribir más a menudo. (Qué jablador!)
Ya estamos a ley de tres días para terminar el año, tiempo de recuentos, resoluciones de fin de año, countdowns, y todo tipo de listas.

El 2011 fue para mí el año menos productivo en mi 'carrera literaria,' no recuerdo haber escrito ningún cuento o poema. Fue un año en el cual me fui en blanco como dicen los narradores de juego de pelota.

De leer al menos 50 libros al año en el 2011 leí tal vez unos 6. (Increíblemente este año escuché más audiobooks).

Podría atribuirle mi ausencia este año a mi nuevo trabajo, especialmente durante la primera mitad del año en la cual me la pasé 'tomándole el piso', tratando de adaptarme a mi nueva posición y las responsabilidades, además de eso, tuve que pasar varios meses planeando mi mudanza a California, para que la transición fuese bien smooth como dicen los americanos.

De Julio para acá le echo la culpa a mi vagancia. Desde que llegué a California me la he pasado leyendo blogs de finanzas y economía, viendo películas y series de televisión. Además de bailar y trabajar, he pasado un buen tiempo adaptándome a la nueva vida, conociendo gente, conociendo lugares y tratando de hacer de este lugar mi casa.

Considero que para escribir también hay que vivir, y eso es lo que he estado haciendo este año a demasía. Amando a plenitud, disfrutando de la presencia de mis amigos y seres queridos, disfrutando de la naturaleza, pedaleando a todas partes, etc.

El pasado fin de semana empecé a leer El Túnel de Ernesto Sabato y esta novelita fue suficiente para encender la chispa en mí. No hay nada como una buena lectura para que le entren a uno nuevamente las ganas de volver a crear y a plasmar ideas. La novela de Sabato me hizo recordar L'Etranger de Albert Camus, estoy casi seguro que Sabato se inspiró de Camus, ya que Meursault se parece mucho al pintor del Túnel.

Entre mis resoluciones de fin de año he decidido volver de lleno a la escritura, ya es hora de dejar los films de un lado y de volver otra vez a los brazos de mi amada literatura, la que siempre sabe como llenarme el vacío existencial que me causa distanciarme de ella.

En mi última serie de post hablé de Las Despedidas, pienso empezar el año hablando de las llegadas y como éstas me han transformado y me han llenado de nuevas perspectivas.

Feliz fin de año,
Hasta pronto




Thursday, August 25, 2011

Las Despedidas (Cuarta Parte)

Las despedidas que más nos marcan, como dije anteriormente, son usualmente esas que separan radicalmente el pasado del presente. Con mi partida a California sentí algo similar a lo que sentí aquella vez cuando dejé República Dominicana.

Esa mañana que me iba, cuando mi mamá se despidió de mí ni las palabras le salían. Tuve un flashback, como en aquellos años en los que mi papá se iba. Esta vez fui yo quien lo susplantó, fui yo quien no lloró, fui yo quien se fue a buscar una mejor vida para mí y para todos. Esta vez fue a mí que me tocó dejar toda mi familia, amigos, vida y rutinas detrás.

Pero admito ahora que fui fuerte y me contuve de llorar ante ella. Pero en el avión, por más de una hora no paré de llorar como aquella vez que dejé mi islita atrás. Quizás a mi papá le pasó lo mismo, tal vez al igual que yo se hacía el fuerte ante nosotros y en el avión se bañaba en sus lágrimas.

Al igual que él llevo en mi su filosofía, estoy vivo, no he muerto, seguiré visitando y los tendré siempre presente.

Otra vez reaparece la misma interrogante ¿A quién le duele más al que se va o a quien se queda?
En realidad no sé, sólo puedo hablar por mí. Y es difícil estar en un lugar donde a nadie le importas mucho.
Es difícil alejarse de esa realidad que por más de una década viví, para empezar a adaptarme a otra realidad.

P.D. Ahora mismo me encuentro en Milwaukee, esperando que el avión que me llevará a NY decida partir. Espero con paciencia y esmero esa hora en la que pisaré y besaré otra vez a mi amada, a esa ciudad que me ha dado tantos amigos, tantos conocimientos, a esa ciudad que despertó en mí la pasión por la lectura y la escritura.


Wednesday, August 24, 2011

Las Despedidas (Tercera Parte)

El 31 de Agosto harán ya 11 años de mi salida de la República Dominicana. Un exiliado económico más como dirán por ahí.

Todavía recuerdo el caos de esos últimos días en que la gente como buitres visitaban mi casa con frecuencia para ver con que parte del botín se quedarían. Mis padres llegaron a vender unas cuantas cosas, pero la gran mayoría quedó en manos de un sin número de familiares y desconocidos.

(Como siempre es el caso, los libros nadie los quiso. Esos quién sabe en qué basurero estarán descomponiéndose.)

A pesar de los años que han pasado, muchos recuerdos de esos últimos días aún siguen intactos, como si este viejo cuerpo todavía tuviese 18 años.

(Ahora que me decido y me dispongo a escribir estas cosas me llegan memorias de las cuales no había pensado hablar, pero la escritura tiene esa magia, que desde que uno se lanza a poner una palabra junto a la otra comienza un proceso involuntario de desempolvamiento mental.)

En esos días antes de que mi vida cambiara completamente recuerdo que fluía dentro de mí un excitement como dicen los gringos, estaba emocionado con la vida que me esperaba, emocionado con conocer la mítica ciudad de Nueva York, esa ciudad donde había trabajos para todos y en donde la gente tiraba a la calle electrodomésticos casi nuevecitos. Recuerdo también que en esos tiempos tenía ilusiones de jugar basketball universitario y quizás llegar a la NBA. Eran tantas las cosas buenas que parecían venir que le presté muy poca atención a las cosas que dejaría atrás. A mis amigos, a los juegos de basketball en el centro juvenil Salesiano, el clima, los viajes a las playas y los ríos. Como siempre pasa, terminé subestimando lo que tenía y sobrevalorando lo desconocido.

Sin embargo, cuando retrocedo y veo como se ha desenlazado mi vida, no me arrepiento de que las cosas hayan sucedido así. Después de todo en esta vida no se puede tener todo a la vez, hay que tomar decisiones en las que se pierde para siempre algo querido o algo que nos hacía sentir bien o querer que el tiempo se congelara.  Everything is a trade off, todo es un trueque en esta vida.

De esa primera gran ruptura a mi vida diaria recuerdo como nos subimos todos en un minibus que nos llevaría al aeropuerto de la capital. A mí me había tocado sentarme junto a la ventana. Con mis ojos pegados al cristal trataba de capturar de forma glotona todo el paisaje del barrio que me vio crecer. El minibus fue acelerando y poco a poco me alejé de ese viejo yo que se quedaba sentado en una mecedora bajo la sombra de un caobo.

Sunday, August 21, 2011

Las Despedidas (Segunda Parte)

“¿Quién sufre más? ¿Quien se va o quien se queda?” Una de las tantas preguntas que me hacía en aquellos tiempos que veía a mi padre marcharse sin derramar una lágrima.

En ciertos casos es fácil determinar quien sufre más o a quien le duele más la ruptura de las interacciónes que se tienen de manera regular con una persona. En el caso de la muerte quien se va le deja el dolor a esos que le estimaban. En el caso de las relaciones amorosas o afectuosas la situación se complica, ya que se dificulta determinar si quien decide marcharse o desaparecerse se verá afectado por la ausencia de la otra persona. 

En muchos casos quien se va le importa poco la otra persona y el dolor se le deja a quién se queda.  En otras instancias quien se aleja o se marcha lo hace por circuntancias de la cual no tienen control alguno.
En el caso de las despedidas que a muchos inmigrantes o emigrantes nos ha tocado vivir el dolor o vacío de la ausencia uno supone que se siente de ambos lados. Aunque la ausencia y lejanía que siente cada quien es distinta.

En mi caso me imaginaba que mi padre estaría mejor que nosotros, ya que estaría alejado de todos los problemas socioeconómicos que afectan nuestra nación y porque él estaría viviendo en un país más estable y avanzado. Pero también pensaba en el otro lado de la moneda. Nosotros estaríamos extrañando a una persona, mientras que a él le harían falta cuatro. Ya con la edad, cuando uno piensa en eso vivido y profundiza y se enfoca en la situación puede advertir que además de extrañar a las personas que se dejan atrás, amigos, familia, etc. Se extraña también a un país y a todo eso intangible como lo son las rutinas diarias, las costumbres, la sociedad, y la sensación de sentirse en casa.

Quien se queda sufre de manera diferente. Al menos a uno les quedan ciertas cosas intactas pero las cosas que cambian son las que más nos marcan. Esa ausencia tan grande lo cambiaba todo. A mi mamá la convertía en padre y madre y le generaba incontables noches de insomnio. A mi me envejecía y me convertía en hombre antes de la cuenta ya que tenía que servirle de padre a mis hermanitos y servirles de ejemplo. Esa tarea de padre en un principio me resultaba difícil, porque a mi corta edad tenía vaga recolecciones de mi papá. 

Recuerdo que la primera vez que se fue duró dos años fuera del país y yo me imaginaba que las voces y los consejos de mis profesores o de mis tíos provenían de él.

Nadie gana en estos de las despedidas y quien nunca ha dejado su país para buscar una vida mejor para sí o para los suyos no sabe lo difícil que es marcharse, dejarlo todo atrás y empezar de cero. Los políticos Estados Unidenses, or los mismos dominicanos, suelen sentirse invadidos, y en muchas instancias se muestran carentes de empatía. A veces no se dan cuenta que son pocos los que encuentran placentero dejar lo conocido para endeudarse y lanzarse a lo desconocido .

(To Be Continued)  

Saturday, August 20, 2011

Las Despedidas (Primera Parte)

Recuerdo que la primera vez que pensé en la muerte tenía unos cuatro años. Esa noche estaba acostado en el primer nivel de mi cama de dos plantas. A mi mente vinieron pensamientos de la muerte de mis  padres y me entristecí como nunca. Vizualicé mi vida sin mi madre ni padre y en ese instante pensé que la única manera en la que no sufriría era si moría primero.

Con lágrimas en los ojitos corrí hasta el aposento de mis padres y toqué la puerta con mi puñito.

“¿Qué te pasa mi hijo?” Me preguntó mi madre aquella vez y le contesté que había visto una culebra.

“Te puedes acostar con nosotros...” Me dijo mi madre mientras me abrazaba.

“Pero que sea la última vez.” Añadió.

La noche siguiente volví a imaginarme los mismos escenarios, volví a visualizarme huérfano, pero a diferencia de la otra noche tomé la decisión de no pensar más en sus muertes. Pensé que cuando llegase ese día sería más fuerte para enfrentar sus partidas. Claro está que todos estos razonamientos no me llegaron a la mente como los estoy hoy expresando. Ahora que estoy tan lejos de esos días es mucho más difícil recrear esos instantes e imaginarse decir las cosas con todas las limitaciones linguísticas y de pensamientos de aquellos tiempos.

Hay tantas clases de despedidas, muchas más dolorosas que las otras. Casi siempre el dolor o la intensidad del dolor de una pérdida tiene mucho que ver con qué tan fuerte es nuestra conexión con aquello que se va o que se deja atrás.

Cuando tenía más o menos 9 años mi papá dejó el país por primera vez para irse a trabajar a NY.  Su partida no me afectó mucho porque a esa edad me pasaba el día en la escuela o jugando con mis amiguitos y mi padre se pasaba la mayoría de su tiempo trabajando o viajando de ciudad a ciudad.

Pero luego, cuando regresó para Navidad dos años después, y se pasó unos cuatro meses en la casa, reparando cosas, llevándonos a la playa, ríos, etc. La compenetración fue diferente. Pasamos mucho más tiempo con él y creo que hasta lo conocimos mejor. Cuando le llegó la hora de despedirse y regresarse a NY. Recuerdo que lloré y me entristeció mucho ver a mi madre llorar. Mis hermanitos no derramaron ni una lágrima, creo que no entendían para nada lo que estaba sucediendo.

Esas despedidas de mi padre se repetían cada año y el dolor y la tristeza de su partida seguía el mismo patrón. Cada vez la historia empezaba de la misma manera: La felicidad y la alegría de recibirlo en el aeropuerto, el proceso de adaptación y de integración (Porque a pesar de ser mi padre, cuando llegaba tenía que familiarizarme con él, volver a conocerlo, volver a estar al día con sus gustos, frases, chistes y consejos) . 


Después de unos meses la familia ya estaba compenetrada y no parecía que hubiésemos pasado tantos meses separados. Luego poco a poco se le iba acabando el dinero que llevaba al país para pasarse tiempo con nosotros, empezábamos de nuevo a economizar hasta que al final él tenía que pedir prestado para comprarse el pasaje de ida. Otra vez teníamos que verlo partir, ver a mi mama triste y desvelada. De nuevo volvíamos a sentir un vacío, nuevamente volvíamos a sentir que nos habían arrancado un pedazo.

También llegué a notar un patrón que siempre me llamaba la atención, mi padre se iba sin derramar una sola lágrima. Años después de haber observado este comportamiento le pregunté por qué nunca lloraba cuando se regresaba a NY y él me contestó con una frase que hasta este día sigue fresca en mi mente:

“Porque sé que los volveré a ver, que ésta no es una despedida final, aquí nadie se ha muerto.”

Siempre gustó la manera positiva en que él veía el mundo y a mi corta edad creo que mi padre fue el primer filósofo que conocí.

(To be Continued)