Saturday, August 20, 2011

Las Despedidas (Primera Parte)

Recuerdo que la primera vez que pensé en la muerte tenía unos cuatro años. Esa noche estaba acostado en el primer nivel de mi cama de dos plantas. A mi mente vinieron pensamientos de la muerte de mis  padres y me entristecí como nunca. Vizualicé mi vida sin mi madre ni padre y en ese instante pensé que la única manera en la que no sufriría era si moría primero.

Con lágrimas en los ojitos corrí hasta el aposento de mis padres y toqué la puerta con mi puñito.

“¿Qué te pasa mi hijo?” Me preguntó mi madre aquella vez y le contesté que había visto una culebra.

“Te puedes acostar con nosotros...” Me dijo mi madre mientras me abrazaba.

“Pero que sea la última vez.” Añadió.

La noche siguiente volví a imaginarme los mismos escenarios, volví a visualizarme huérfano, pero a diferencia de la otra noche tomé la decisión de no pensar más en sus muertes. Pensé que cuando llegase ese día sería más fuerte para enfrentar sus partidas. Claro está que todos estos razonamientos no me llegaron a la mente como los estoy hoy expresando. Ahora que estoy tan lejos de esos días es mucho más difícil recrear esos instantes e imaginarse decir las cosas con todas las limitaciones linguísticas y de pensamientos de aquellos tiempos.

Hay tantas clases de despedidas, muchas más dolorosas que las otras. Casi siempre el dolor o la intensidad del dolor de una pérdida tiene mucho que ver con qué tan fuerte es nuestra conexión con aquello que se va o que se deja atrás.

Cuando tenía más o menos 9 años mi papá dejó el país por primera vez para irse a trabajar a NY.  Su partida no me afectó mucho porque a esa edad me pasaba el día en la escuela o jugando con mis amiguitos y mi padre se pasaba la mayoría de su tiempo trabajando o viajando de ciudad a ciudad.

Pero luego, cuando regresó para Navidad dos años después, y se pasó unos cuatro meses en la casa, reparando cosas, llevándonos a la playa, ríos, etc. La compenetración fue diferente. Pasamos mucho más tiempo con él y creo que hasta lo conocimos mejor. Cuando le llegó la hora de despedirse y regresarse a NY. Recuerdo que lloré y me entristeció mucho ver a mi madre llorar. Mis hermanitos no derramaron ni una lágrima, creo que no entendían para nada lo que estaba sucediendo.

Esas despedidas de mi padre se repetían cada año y el dolor y la tristeza de su partida seguía el mismo patrón. Cada vez la historia empezaba de la misma manera: La felicidad y la alegría de recibirlo en el aeropuerto, el proceso de adaptación y de integración (Porque a pesar de ser mi padre, cuando llegaba tenía que familiarizarme con él, volver a conocerlo, volver a estar al día con sus gustos, frases, chistes y consejos) . 


Después de unos meses la familia ya estaba compenetrada y no parecía que hubiésemos pasado tantos meses separados. Luego poco a poco se le iba acabando el dinero que llevaba al país para pasarse tiempo con nosotros, empezábamos de nuevo a economizar hasta que al final él tenía que pedir prestado para comprarse el pasaje de ida. Otra vez teníamos que verlo partir, ver a mi mama triste y desvelada. De nuevo volvíamos a sentir un vacío, nuevamente volvíamos a sentir que nos habían arrancado un pedazo.

También llegué a notar un patrón que siempre me llamaba la atención, mi padre se iba sin derramar una sola lágrima. Años después de haber observado este comportamiento le pregunté por qué nunca lloraba cuando se regresaba a NY y él me contestó con una frase que hasta este día sigue fresca en mi mente:

“Porque sé que los volveré a ver, que ésta no es una despedida final, aquí nadie se ha muerto.”

Siempre gustó la manera positiva en que él veía el mundo y a mi corta edad creo que mi padre fue el primer filósofo que conocí.

(To be Continued)

5 comments:

Karol_a said...

SIiii, qué cierto, aunque yo al primer filósofo que conocí y en gran escala fue a mi abuelo, el me enseñó casi todo ´cuanto sé y siempre se adelantaba en el tiempo.
Precisamente me decía que la muerte solo era un cambio que si quería buscarlo cuando no estuviera, que estaría siempre en mi corazón. Y allí sigue.
Un beso Engels.

Víctor Manuel said...

Engels, esta es la mejor nota que he leído en tu blog. Muy tierna y conmovedora, y con un final que es como un obsequio. Eso lo atribuyo a que, además de que cuentas bien tus experiencias, retratas una situación real, y por tanto universal. Está bien que continúes, pero este es un relato redondo que con algunos arreglitos deberías poner a circular por ahí. Creo que fuíste a buscar municiones durante tu pausa y ahora vienes con todos los hierros.

Ver mi Libro abierto.

Sonia said...

Hola Engels,
¡Qué sorpresa! Había pasado por aquí y había encontrado el blog desierto :).

Me alegra que estés de vuelta y me gusta mucho esta nueva faceta de tu blog, más íntima, más personal.

Leí tus últimas tres entradas de un tirón. ¡Bienvenido!

Baakanit said...

Recuerdo mucho los consejos e historias de tu abuelo Karola, creo que siempre llega a alguien en nuestras vidas que nos enseña muchas cosas que nos ayudan a vivir y entender el mundo mejor.

Gracias por tus generosas palabras Víctor, cada vez que tomo mis pausas trato de traer una nueva visión a este blog, no sé por alguna razón siento que el alejamiento me a recargado y que tengo muchas cosas que desde hace tiempo quería decir.

Esto es un post a la 'brigandina' como dicen por ahí, que simplemente lo escribí, pero estoy de acuerdo contigo, necesito trabajarlo un poco más. Pues creo que he hecho eso, lo he puesto a circular. Ya está en mis amigos periodistas si lo quieren publicar o hacer referencias en sus respectivos periódicos, lol.

Hola Sonia,

Me alegra mucho verte por aquí. Tú también me has servido de inspiración para volver, ya que a pesar de todo lo que estás viviendo siempre sacas tiempo para compartir con nosotros unos cuantos párrafos bien pensados.

La ficción a veces es como una armadura, cuando nos despojamos de ella y escribimos sin escondernos, muchas veces se llega a alcanzar mayor intimidad.

Luego volveré a la ficción, por ahora siento que necesito hablar vestido de civil. :)

Gracias a todos por darme la bienvenida y por visitar este espacio lleno de telarañas.

Sirélula said...

Encantadora entrada esta! Refleja una realidad que muchos nos encontramos. Las despedidas se llevan tanto con ellas pero traen unas tantas mas..