San Mateo es el nombre de mi nueva ciudad,
irónico que tenga que albergar a un ateo como yo. Pero así es la vida, llegamos
a vivir en aquellos lugares donde nos empuja el viento.
Por estos lados los dominicanos somos poco
conocidos. Rara vez se topa uno con una persona que pueda ubicar nuestro país
en un mapa o que haya escuchado acerca de nosotros. Cuando hablas de tu
nacionalidad inmediatamente piensan que eres de algún país sudamericano o quién
sabe dónde. Todo esto es por supuesto es nuevo para mí ya que siempre viví en
lugares en donde había un gran número de compatriotas y en dónde a veces se
conocía bien lo bueno y lo malo de nosotros.
Cuando se vive en lugares en donde hay
poblaciones grandes de dominicanos terminamos subestimando tantas cosas que
luego cuando estamos lejos advertimos que tan importantes eran esas cositas que y nos olvidábamos del rol que jugaban para hacernos extrañar
menos la tierra que habíamos dejado atrás.
En Nueva York se extraña mucho ese terruño
caribeño, pero el estar rodeado de gente dominicana, de productos dominicanos,
del hablar y la música dominicana, la mente se condiciona y se engaña.
El otro día Jon Stewart decía que lo que
tradicionalmente hacía de este país algo grandioso, era el ver como la gente
que había tenido cierto éxito acogía al recién
llegado y le ayudaba a sobrevivir, mostrándole truquitos de la ciudad, dándole posada hasta
que éste o estos pudiesen caminar por su cuenta. Lo he parafraseado y como buen parafraseador he agregado cosas que él no dijo esta semana en una de esas entrevistas que les hace a
sus invitados. (El comentaba que estaba bien que le aumentaran los impuestos a
los ricos para ayudar a los pobres.)
Eso que cuenta Stewart es parte de lo que
sucede cuando muchos de nosotros llegamos a esa gran metrópolis y nuestros
familiares o amigos empiezan a mostrarnos los truquitos de la ciudad, nos
hablan de las leyes, de que nos multarán si nos meamos, si tiramos
basura o si bebemos cerveza en la calle. Nos aconsejan que si entramos al Subway sin
pagar o si nos pasamos de vagón a vagón mientras el tren va en movimiento nos pueden dar un 'somo'. A
través de estos ‘Guías turísticos’ vamos aprendiendo de los estereotipos que
circulan por la ciudad, que los morenos son atracadores, que los dominicanos
venden drogas, que los boricuas se la fuman, que los blanquitos son la gente más
decentes y educadas que existen.
También nos van educando acerca de las
formas de buscar trabajo, nos dicen donde venden más barato, si no sabemos inglés
nos enseñan palabritas como excuse me o sorry para que no nos
golpeen si pisamos o empujamos a alguien dentro del autobús o de un vagón del
tren.
Otra cosa que nunca falta es el curso intensivo en como tomar un bus o el tren.
Recuerdo la primera vez que vi un mapa del sistema de trenes de NY. Mi papá me
explicaba con lujo de detalles como funcionaba todo y qué tenía que hacer si me
perdía o me pasaba de estación. Yo le tomé el hilo de inmediato, pero me imaginé
en ese instante lo difícil que ha de ser para personas que no hablan inglés
acostumbrarse a un sistema tan complejo, a un sistema que no tiene nada que ver
con ese de sus países en donde no se viaja con mapa sino con buena memoria. En
países en donde pasajeros y choferes se desplazan en base a materia gris y no a
mapas o ‘GPSeses’
Ahora que hablo de este tipo de choferes,
me acuerdo de mi papá cuando vivíamos en La Vega y como muchas veces cuando
alguien tenía que viajar a la Capital o algún rincón del país a él era el
primero que buscaban ya que sabía andar por todo el país.
Bueno, el punto que quiero hacer es que
cuando se llega a NY o a un lugar en dónde alguien nos muestra como funciona
todo es mucho más fácil moverse y adaptarse.
Mi llegada a estos lados fue totalmente
distinta. Llegué sin saber dónde tenía que ir para conseguir la mínima cosita.
Cada descubrimiento fue un pequeño logro: Encontrar una barbería, el hallar un
lugar en donde vendían plátanos, cómo utilizar el transporte público, cómo pagar
el pasaje, cómo saber que se está en el tren o bus correcto etc.
Cuando se está solo en una tierra extraña los sentidos se agudizan y uno trata de absorber cada detallito, se vive con los ojos bien abiertos, tratando de entender como todo funciona, cómo se comporta la gente, cuales leyes se aplican, cuales no, etc.
Cuando se está solo en una tierra extraña los sentidos se agudizan y uno trata de absorber cada detallito, se vive con los ojos bien abiertos, tratando de entender como todo funciona, cómo se comporta la gente, cuales leyes se aplican, cuales no, etc.
Estar de este lado del país hace que extrañe
no sólo a mi tierra, si no a mi gente. Hace que vea con otros ojos a NY, esa
ciudad tan acogedora que lo tiene todo y nos hace adictos a sus encantos. Entre
las cosas que extraño: Extraño a los morenos y sus tumbaos, sus swaguers, sus
acentos, sus historias, su hustling. Extraño a los dominicanos, sus diálogos,
sus historias acerca de demandas, sus bullas, sus barberos, sus productos alimenticios, extraño
verlos bailar, extraño verlos machucar su inglés, hablar de Don
Francisco, de Leonel. También me hacen falta los boricuas y su Patriotismo extremo, extraño escuchar a las estrellas de la Fania en cada Esquina del
Bronx, me hace falta escucharlos decir ajoz o cajo en vez de carro. Me hace
falta Central Park, Union Square, Washington Heights, Fordham Road, Spanish Harlem, El Village, jugar softball los domingos, jugar basketball con los morenos que donquean. Me hace falta saber
de los Yankees, de los Knicks, de Boston, de Bloomberg, de los políticos y médicos
dominicanos que estafan la ciudad, me hace falta escuchar hablar de las alertas
rojas en Times Square, me hacen falta los personajes del Subway, los artistas hambrientos, los pordioseros, los andrajosos, los yuppies, los hipsters de Brooklyn, los amigos, las fiestas de salsa, etc.
A pesar de todo, de este lado también hay
cosas que me calman, toparse con las cadenas de tiendas americanas de cierta
manera me hace sentir en casa. Escuchar bachatas siendo tocadas en los carros
de muchos mexicanos, el clima, la calma y el sol hacen que de cierta forma me acuerde un poco a mi República
Dominicana...
En inglés hay una frase que dice que la
distancia hace ensanchar al corazón, siento que eso es lo que me está pasando.
Por suerte ya me he adaptado y la llegada se ha transformado en otra cosa que
no puedo definir. Ya con lo poquito que sé podría mostrarles a otros como funcionan
las cosas por estos lados. Después de todo... ¿De qué sirven los conocimientos si
no se comparten?
2 comments:
Ah, la nostalgia... Ir a distintos lugares ayuda a que uno descubra dónde pertenece.
Ah, esa nostialgia que se nos adhiera hasta la medula...
Es bueno volverte a leer...
Saludos desde el Caribe !!
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