Sunday, January 15, 2012

Las Llegada (Segunda Parte)


San Mateo es el nombre de mi nueva ciudad, irónico que tenga que albergar a un ateo como yo. Pero así es la vida, llegamos a vivir en aquellos lugares donde nos empuja el viento.

Por estos lados los dominicanos somos poco conocidos. Rara vez se topa uno con una persona que pueda ubicar nuestro país en un mapa o que haya escuchado acerca de nosotros. Cuando hablas de tu nacionalidad inmediatamente piensan que eres de algún país sudamericano o quién sabe dónde. Todo esto es por supuesto es nuevo para mí ya que siempre viví en lugares en donde había un gran número de compatriotas y en dónde a veces se conocía bien lo bueno y lo malo de nosotros.

Cuando se vive en lugares en donde hay poblaciones grandes de dominicanos terminamos subestimando tantas cosas que luego cuando estamos lejos advertimos que tan importantes eran esas cositas que y nos olvidábamos del rol que jugaban para hacernos extrañar menos la tierra que habíamos dejado atrás.

En Nueva York se extraña mucho ese terruño caribeño, pero el estar rodeado de gente dominicana, de productos dominicanos, del hablar y la música dominicana, la mente se condiciona y se engaña.

El otro día Jon Stewart decía que lo que tradicionalmente hacía de este país algo grandioso, era el ver como la gente que había tenido cierto éxito acogía al recién llegado y le ayudaba a sobrevivir, mostrándole truquitos de la ciudad, dándole posada hasta que éste o estos pudiesen caminar por su cuenta.  Lo he parafraseado y como buen parafraseador he agregado cosas que él no dijo esta semana en una de esas entrevistas que les hace a sus invitados. (El comentaba que estaba bien que le aumentaran los impuestos a los ricos para ayudar a los pobres.)

Eso que cuenta Stewart es parte de lo que sucede cuando muchos de nosotros llegamos a esa gran metrópolis y nuestros familiares o amigos empiezan a mostrarnos los truquitos de la ciudad, nos hablan de las leyes, de que nos multarán si nos meamos, si tiramos basura o si bebemos cerveza en la calle. Nos aconsejan que si entramos al Subway sin pagar o si nos pasamos de vagón a vagón mientras el tren va en movimiento nos pueden dar un 'somo'. A través de estos ‘Guías turísticos’ vamos aprendiendo de los estereotipos que circulan por la ciudad, que los morenos son atracadores, que los dominicanos venden drogas, que los boricuas se la fuman, que los blanquitos son la gente más decentes y educadas que existen.

También nos van educando acerca de las formas de buscar trabajo, nos dicen donde venden más barato, si no sabemos inglés nos enseñan palabritas como excuse me o sorry para que no nos golpeen si pisamos o empujamos a alguien dentro del autobús o de un vagón del tren.

Otra cosa que nunca falta es  el curso intensivo en como tomar un bus o el tren. Recuerdo la primera vez que vi un mapa del sistema de trenes de NY. Mi papá me explicaba con lujo de detalles como funcionaba todo y qué tenía que hacer si me perdía o me pasaba de estación. Yo le tomé el hilo de inmediato, pero me imaginé en ese instante lo difícil que ha de ser para personas que no hablan inglés acostumbrarse a un sistema tan complejo, a un sistema que no tiene nada que ver con ese de sus países en donde no se viaja con mapa sino con buena memoria. En países en donde pasajeros y choferes se desplazan en base a materia gris y no a mapas o ‘GPSeses’

Ahora que hablo de este tipo de choferes, me acuerdo de mi papá cuando vivíamos en La Vega y como muchas veces cuando alguien tenía que viajar a la Capital o algún rincón del país a él era el primero que buscaban ya que sabía andar por todo el país.

Bueno, el punto que quiero hacer es que cuando se llega a NY o a un lugar en dónde alguien nos muestra como funciona todo es mucho más fácil moverse y adaptarse.

Mi llegada a estos lados fue totalmente distinta. Llegué sin saber dónde tenía que ir para conseguir la mínima cosita. Cada descubrimiento fue un pequeño logro: Encontrar una barbería, el hallar un lugar en donde vendían plátanos, cómo utilizar el transporte público, cómo pagar el pasaje, cómo saber que se está en el tren o bus correcto etc. 


Cuando se está solo en una tierra extraña los sentidos se agudizan y uno trata de absorber cada detallito, se vive con los ojos bien abiertos, tratando de entender como todo funciona, cómo se comporta la gente, cuales leyes se aplican, cuales no, etc.

Estar de este lado del país hace que extrañe no sólo a mi tierra, si no a mi gente. Hace que vea con otros ojos a NY, esa ciudad tan acogedora que lo tiene todo y nos hace adictos a sus encantos. Entre las cosas que extraño: Extraño a los morenos y sus tumbaos, sus swaguers, sus acentos, sus historias, su hustling. Extraño a los dominicanos, sus diálogos, sus historias acerca de demandas, sus bullas, sus barberos, sus productos alimenticios, extraño verlos bailar, extraño verlos machucar su inglés, hablar de Don Francisco, de Leonel. También me hacen falta los boricuas y su Patriotismo extremo, extraño escuchar a las estrellas de la Fania en cada Esquina del Bronx, me hace falta escucharlos decir ajoz o cajo en vez de carro. Me hace falta Central Park, Union Square, Washington Heights, Fordham Road, Spanish Harlem, El Village, jugar softball los domingos, jugar basketball con los morenos que donquean. Me hace falta saber de los Yankees, de los Knicks, de Boston, de Bloomberg, de los políticos y médicos dominicanos que estafan la ciudad, me hace falta escuchar hablar de las alertas rojas en Times Square, me hacen falta los personajes del Subway, los artistas hambrientos, los pordioseros, los andrajosos, los yuppies, los hipsters de Brooklyn, los amigos, las fiestas de salsa, etc.

A pesar de todo, de este lado también hay cosas que me calman, toparse con las cadenas de tiendas americanas de cierta manera me hace sentir en casa. Escuchar bachatas siendo tocadas en los carros de muchos mexicanos, el clima, la calma y el sol hacen que de cierta forma me acuerde un poco a mi República Dominicana...

En inglés hay una frase que dice que la distancia hace ensanchar al corazón, siento que eso es lo que me está pasando. Por suerte ya me he adaptado y la llegada se ha transformado en otra cosa que no puedo definir. Ya con lo poquito que sé podría mostrarles a otros como funcionan las cosas por estos lados. Después de todo... ¿De qué sirven los conocimientos si no se comparten?

2 comments:

Víctor Manuel Ramos said...

Ah, la nostalgia... Ir a distintos lugares ayuda a que uno descubra dónde pertenece.

Rocío said...

Ah, esa nostialgia que se nos adhiera hasta la medula...

Es bueno volverte a leer...

Saludos desde el Caribe !!