Saturday, March 24, 2012

Californian Cop


La escalera parecía no tener fin. Había perdido la cuenta de la gente que pasamos que se detuvieron a fumarse un cigarrillo, a besarse, a tomarse una cerveza, a disfrutar la vista o simplemente a recuperar su aliento. 

Le pregunté a una chica que venía bajando que qué tal el bar de arriba. No me contestó, y siguió descendiendo. (Creo que estaba demasiada borracha para entender mi inglés con acento). 

"Debe ser bueno el sitio." Le dije a Rob quien venía subiendo conmigo.

"Parece que sí." Me contestó mientras miraba azorado a una gringa de escote provocativo.

Media hora más tarde, estábamos más cerca de la cima. Un grupo de gente bloqueaba el final de la escalera. Con una combinación de empujones y permisos logramos acercarnos más a la tierra plana.

El último peldaño lo ocupaban dos tipos, uno de ellos pasado de peso y eso fue algo que me pareció sorprendente ya que no podía creer que había podido llegar tan lejos. El gordo me bloqueaba el paso, le pedí permiso varias veces y se hizo el sordo. Lo empujé y de inmediato se viró y me empujó casi sacándome de las escaleras. Logré subir y desde arriba le lancé una patada y le di por la barriga. En ese momento fue que advertí que era un policía. Los Altos Police decía su placa de plata. De inmediato desenfundó su pistola e intentó apuntarme con ella. La gente alborotada empezó a bajar despavorida. Yo me quedé congelado, después de seis disparos fallidos me lancé hacia él y le arrebaté el arma.
Sorprendentemente, él ni fuerzas tenía para sostenerla, me di cuenta que estaba bien borracho.

Le pasé la pistola a Rob y subí con el policía a la zona plana. Mientras le hacía una llave de oso le dije a mi amigo que llamara al 911 y le explicara la situación. Así lo hizo.

La gente del bar nos veía de manera extraña. Las horas pasaban y la multitud poco a poco se fue para su casa.
Al ver que el policía era inofensivo, lo solté y dejé que se sentara en una banca frente al bar. 

Me hallaba cansado, había gastado muchas fuerzas subiendo y luego sujetando al uniformado. Cada vez que veía a esa masa vestida de gris quedaba bien sorprendido. No de que alguien tan ebrio fuese policía sino de que alguien tan gordo hubiese podido subir todos esos peldaños.

La noche cayó y calló. En la tranquilidad, desde lo alto de Los Altos, se veían las luces de las mansiones. Respiré el aire fresco y divisé al policía durmiendo en la banca, no parecía mala gente. Le quité la pistola a Rob y me acerqué al oficial. Posé la pistola junto a su cabeza, me di la vuelta y bajamos.

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