Huir no puedo,
La sombra me sigue, me ataca.
Me atrapa.
El pasado reencarna en presente,
Soy presa fácil:
De caricias imaginarias,
De escapismos temporarios.
Después de masticado,
Amanezco tendido en la playa,
Sin brújula, sin bote, sin agua.
Wednesday, March 28, 2012
Saturday, March 24, 2012
Californian Cop
La escalera parecía no tener fin. Había
perdido la cuenta de la gente que pasamos que se detuvieron a fumarse un
cigarrillo, a besarse, a tomarse una cerveza, a disfrutar la vista o simplemente
a recuperar su aliento.
Le pregunté a una chica que venía
bajando que qué tal el bar de arriba. No me contestó, y siguió descendiendo. (Creo que estaba demasiada borracha
para entender mi inglés con acento).
"Debe ser bueno el
sitio." Le dije a Rob quien venía subiendo conmigo.
"Parece que sí." Me
contestó mientras miraba azorado a una gringa de escote provocativo.
Media hora más tarde, estábamos más
cerca de la cima. Un grupo de gente bloqueaba el final de la escalera. Con una
combinación de empujones y permisos logramos acercarnos más a la tierra plana.
El último peldaño lo ocupaban dos
tipos, uno de ellos pasado de peso y eso fue algo que me pareció sorprendente ya que no podía creer que había podido llegar tan lejos. El
gordo me bloqueaba el paso, le pedí permiso varias veces y se hizo el sordo. Lo
empujé y de inmediato se viró y me empujó casi sacándome de las escaleras. Logré
subir y desde arriba le lancé una patada y le di por la barriga. En ese momento
fue que advertí que era un policía. Los Altos Police decía su placa de plata.
De inmediato desenfundó su pistola e intentó apuntarme con ella. La gente alborotada
empezó a bajar despavorida. Yo me quedé congelado, después de seis disparos
fallidos me lancé hacia él y le arrebaté el arma.
Sorprendentemente, él ni fuerzas
tenía para sostenerla, me di cuenta que estaba bien borracho.
Le pasé la pistola a Rob y subí con
el policía a la zona plana. Mientras le hacía una llave de oso le dije a mi
amigo que llamara al 911 y le explicara la situación. Así lo hizo.
La gente del bar nos veía de manera
extraña. Las horas pasaban y la multitud poco a poco se fue para su casa.
Al ver que el policía era
inofensivo, lo solté y dejé que se sentara en una banca frente al bar.
Me hallaba cansado, había gastado
muchas fuerzas subiendo y luego sujetando al uniformado. Cada vez que veía a
esa masa vestida de gris quedaba bien sorprendido. No de que alguien tan ebrio
fuese policía sino de que alguien tan gordo hubiese podido subir todos esos
peldaños.
La noche cayó y calló. En la tranquilidad, desde lo alto de
Los Altos, se veían las luces de las mansiones. Respiré el aire fresco y divisé al policía durmiendo en la banca, no parecía mala gente. Le quité la pistola a Rob y me acerqué al oficial. Posé la pistola junto a su cabeza, me di la vuelta y bajamos.
Saturday, February 25, 2012
Carnaval Vegano
http://yalodominicana.blogspot.com/2012/02/respeto-una-tradicion.html
Wow, cómo me acuerdo de aquellos tiempos de caretas y disfraces sencillos. Tiempos en los que muchos Veganos nos parábamos bajo los tamarindos del antiguo Parque Duarte.
Qué bonita iniciativa la de Marcos. Al ver las caretas me acordé del caretero Felipe Abreu, quien en esos tiempos, por problemas de las tiroides ya había perdido casi la voz. Recuerdo una vez que me asomé por la puerta de su taller y el me invitó a entrar. (Qué contento me puse al ayudarle y al ver como se hacían las caretas)
Entré y él me puso a pintar caretas. Recuerdo bien su taller, el olor a barro, los recortes de periódicos amarillentos pegados en las paredes de tabla, las fotografías de cuando fue rey momo del carnaval. Qué tiempos aquellos!
Wow, cómo me acuerdo de aquellos tiempos de caretas y disfraces sencillos. Tiempos en los que muchos Veganos nos parábamos bajo los tamarindos del antiguo Parque Duarte.
Qué bonita iniciativa la de Marcos. Al ver las caretas me acordé del caretero Felipe Abreu, quien en esos tiempos, por problemas de las tiroides ya había perdido casi la voz. Recuerdo una vez que me asomé por la puerta de su taller y el me invitó a entrar. (Qué contento me puse al ayudarle y al ver como se hacían las caretas)
Entré y él me puso a pintar caretas. Recuerdo bien su taller, el olor a barro, los recortes de periódicos amarillentos pegados en las paredes de tabla, las fotografías de cuando fue rey momo del carnaval. Qué tiempos aquellos!
Friday, January 27, 2012
Un Invierno en Nueva York
Se siente bien estar de vuelta aunque sea sólo por diez días. Algo en NY incentiva la creatividad de gran manera, y creo que por primera vez advierto cual es la fórmula mágica de esta ciudad: Estimulación Visual.
Son tantas las cosas que suceden a nuestro alrededor que es difícil que las ideas no surjan. Calles aglomeradas, niños lanzándose bolas de nieve, modas raras, pasajeros que abordan el autobus y le ruegan al chofer que los lleve sin pagar, etc.
Me he pasado varios días organizando mis libros viejos, empacándolo para enviarlos a California. Mientras uno va por ese proceso se da cuenta que a pesar de lo mucho que uno quiere los libros, es un dolor de cabeza estar en eso, y que la tecnología lamentablemente (Para los libros de papel) terminará facilitando las mudanzas.
También me he topado con muchísimos manuscritos, y me sorprendo de lo productivo que fui en mis años en la ciudad y de lo poco que he escrito desde que me mudé. A veces me pongo a pensar que la ciudad en la que vivimos tiene mucho que ver con nuestra productividad literaria, que una Habana, un Paris, un Santo Domingo, un Nueva York, un Buenos Aires, influye mucho en la motivación. Aunque claro, hay gente que prefiere estar aislados escribiendo desde sus cabañas o ciudades olvidadas.
El proceso de empacar los libros que iba a enviar a mi casa de cierta manera fue como si estuviese editando una obra. Ya que muchos libros no eran lo suficientemente importante para mí para enviarlos. Algunos de ellos no pensé que los re-leería, y otros, aunque buenos, no pensé que se merecían el precio de envio.
Los libros de Borges, Onetti, Cortazar, Steinbeck, Rulfo, Kafka, Dostoyevsky y Bioy fueron los que pasaron el examen. También los libros de mis amigos blogueros se irán conmigo. Para mi próximo viaje, me llevaré los libros que no calificaron para abordar la primera clase.
Este invierno primaveral me ha sentido bien, me siento rejuvenecido después de este viaje y con mucho más ganas de crear. Me resulta interesante ver lo que una amada ciudad puede hacer.
Son tantas las cosas que suceden a nuestro alrededor que es difícil que las ideas no surjan. Calles aglomeradas, niños lanzándose bolas de nieve, modas raras, pasajeros que abordan el autobus y le ruegan al chofer que los lleve sin pagar, etc.
Me he pasado varios días organizando mis libros viejos, empacándolo para enviarlos a California. Mientras uno va por ese proceso se da cuenta que a pesar de lo mucho que uno quiere los libros, es un dolor de cabeza estar en eso, y que la tecnología lamentablemente (Para los libros de papel) terminará facilitando las mudanzas.
También me he topado con muchísimos manuscritos, y me sorprendo de lo productivo que fui en mis años en la ciudad y de lo poco que he escrito desde que me mudé. A veces me pongo a pensar que la ciudad en la que vivimos tiene mucho que ver con nuestra productividad literaria, que una Habana, un Paris, un Santo Domingo, un Nueva York, un Buenos Aires, influye mucho en la motivación. Aunque claro, hay gente que prefiere estar aislados escribiendo desde sus cabañas o ciudades olvidadas.
El proceso de empacar los libros que iba a enviar a mi casa de cierta manera fue como si estuviese editando una obra. Ya que muchos libros no eran lo suficientemente importante para mí para enviarlos. Algunos de ellos no pensé que los re-leería, y otros, aunque buenos, no pensé que se merecían el precio de envio.
Los libros de Borges, Onetti, Cortazar, Steinbeck, Rulfo, Kafka, Dostoyevsky y Bioy fueron los que pasaron el examen. También los libros de mis amigos blogueros se irán conmigo. Para mi próximo viaje, me llevaré los libros que no calificaron para abordar la primera clase.
Este invierno primaveral me ha sentido bien, me siento rejuvenecido después de este viaje y con mucho más ganas de crear. Me resulta interesante ver lo que una amada ciudad puede hacer.
Sunday, January 15, 2012
Las Llegada (Segunda Parte)
San Mateo es el nombre de mi nueva ciudad,
irónico que tenga que albergar a un ateo como yo. Pero así es la vida, llegamos
a vivir en aquellos lugares donde nos empuja el viento.
Por estos lados los dominicanos somos poco
conocidos. Rara vez se topa uno con una persona que pueda ubicar nuestro país
en un mapa o que haya escuchado acerca de nosotros. Cuando hablas de tu
nacionalidad inmediatamente piensan que eres de algún país sudamericano o quién
sabe dónde. Todo esto es por supuesto es nuevo para mí ya que siempre viví en
lugares en donde había un gran número de compatriotas y en dónde a veces se
conocía bien lo bueno y lo malo de nosotros.
Cuando se vive en lugares en donde hay
poblaciones grandes de dominicanos terminamos subestimando tantas cosas que
luego cuando estamos lejos advertimos que tan importantes eran esas cositas que y nos olvidábamos del rol que jugaban para hacernos extrañar
menos la tierra que habíamos dejado atrás.
En Nueva York se extraña mucho ese terruño
caribeño, pero el estar rodeado de gente dominicana, de productos dominicanos,
del hablar y la música dominicana, la mente se condiciona y se engaña.
El otro día Jon Stewart decía que lo que
tradicionalmente hacía de este país algo grandioso, era el ver como la gente
que había tenido cierto éxito acogía al recién
llegado y le ayudaba a sobrevivir, mostrándole truquitos de la ciudad, dándole posada hasta
que éste o estos pudiesen caminar por su cuenta. Lo he parafraseado y como buen parafraseador he agregado cosas que él no dijo esta semana en una de esas entrevistas que les hace a
sus invitados. (El comentaba que estaba bien que le aumentaran los impuestos a
los ricos para ayudar a los pobres.)
Eso que cuenta Stewart es parte de lo que
sucede cuando muchos de nosotros llegamos a esa gran metrópolis y nuestros
familiares o amigos empiezan a mostrarnos los truquitos de la ciudad, nos
hablan de las leyes, de que nos multarán si nos meamos, si tiramos
basura o si bebemos cerveza en la calle. Nos aconsejan que si entramos al Subway sin
pagar o si nos pasamos de vagón a vagón mientras el tren va en movimiento nos pueden dar un 'somo'. A
través de estos ‘Guías turísticos’ vamos aprendiendo de los estereotipos que
circulan por la ciudad, que los morenos son atracadores, que los dominicanos
venden drogas, que los boricuas se la fuman, que los blanquitos son la gente más
decentes y educadas que existen.
También nos van educando acerca de las
formas de buscar trabajo, nos dicen donde venden más barato, si no sabemos inglés
nos enseñan palabritas como excuse me o sorry para que no nos
golpeen si pisamos o empujamos a alguien dentro del autobús o de un vagón del
tren.
Otra cosa que nunca falta es el curso intensivo en como tomar un bus o el tren.
Recuerdo la primera vez que vi un mapa del sistema de trenes de NY. Mi papá me
explicaba con lujo de detalles como funcionaba todo y qué tenía que hacer si me
perdía o me pasaba de estación. Yo le tomé el hilo de inmediato, pero me imaginé
en ese instante lo difícil que ha de ser para personas que no hablan inglés
acostumbrarse a un sistema tan complejo, a un sistema que no tiene nada que ver
con ese de sus países en donde no se viaja con mapa sino con buena memoria. En
países en donde pasajeros y choferes se desplazan en base a materia gris y no a
mapas o ‘GPSeses’
Ahora que hablo de este tipo de choferes,
me acuerdo de mi papá cuando vivíamos en La Vega y como muchas veces cuando
alguien tenía que viajar a la Capital o algún rincón del país a él era el
primero que buscaban ya que sabía andar por todo el país.
Bueno, el punto que quiero hacer es que
cuando se llega a NY o a un lugar en dónde alguien nos muestra como funciona
todo es mucho más fácil moverse y adaptarse.
Mi llegada a estos lados fue totalmente
distinta. Llegué sin saber dónde tenía que ir para conseguir la mínima cosita.
Cada descubrimiento fue un pequeño logro: Encontrar una barbería, el hallar un
lugar en donde vendían plátanos, cómo utilizar el transporte público, cómo pagar
el pasaje, cómo saber que se está en el tren o bus correcto etc.
Cuando se está solo en una tierra extraña los sentidos se agudizan y uno trata de absorber cada detallito, se vive con los ojos bien abiertos, tratando de entender como todo funciona, cómo se comporta la gente, cuales leyes se aplican, cuales no, etc.
Cuando se está solo en una tierra extraña los sentidos se agudizan y uno trata de absorber cada detallito, se vive con los ojos bien abiertos, tratando de entender como todo funciona, cómo se comporta la gente, cuales leyes se aplican, cuales no, etc.
Estar de este lado del país hace que extrañe
no sólo a mi tierra, si no a mi gente. Hace que vea con otros ojos a NY, esa
ciudad tan acogedora que lo tiene todo y nos hace adictos a sus encantos. Entre
las cosas que extraño: Extraño a los morenos y sus tumbaos, sus swaguers, sus
acentos, sus historias, su hustling. Extraño a los dominicanos, sus diálogos,
sus historias acerca de demandas, sus bullas, sus barberos, sus productos alimenticios, extraño
verlos bailar, extraño verlos machucar su inglés, hablar de Don
Francisco, de Leonel. También me hacen falta los boricuas y su Patriotismo extremo, extraño escuchar a las estrellas de la Fania en cada Esquina del
Bronx, me hace falta escucharlos decir ajoz o cajo en vez de carro. Me hace
falta Central Park, Union Square, Washington Heights, Fordham Road, Spanish Harlem, El Village, jugar softball los domingos, jugar basketball con los morenos que donquean. Me hace falta saber
de los Yankees, de los Knicks, de Boston, de Bloomberg, de los políticos y médicos
dominicanos que estafan la ciudad, me hace falta escuchar hablar de las alertas
rojas en Times Square, me hacen falta los personajes del Subway, los artistas hambrientos, los pordioseros, los andrajosos, los yuppies, los hipsters de Brooklyn, los amigos, las fiestas de salsa, etc.
A pesar de todo, de este lado también hay
cosas que me calman, toparse con las cadenas de tiendas americanas de cierta
manera me hace sentir en casa. Escuchar bachatas siendo tocadas en los carros
de muchos mexicanos, el clima, la calma y el sol hacen que de cierta forma me acuerde un poco a mi República
Dominicana...
En inglés hay una frase que dice que la
distancia hace ensanchar al corazón, siento que eso es lo que me está pasando.
Por suerte ya me he adaptado y la llegada se ha transformado en otra cosa que
no puedo definir. Ya con lo poquito que sé podría mostrarles a otros como funcionan
las cosas por estos lados. Después de todo... ¿De qué sirven los conocimientos si
no se comparten?
Friday, January 6, 2012
Las Llegadas
El otro día una amiga se quejaba por
Facebook del frío de Nueva York y yo quise comentarle en su estatus con un link
de Balbuena diciendo su clásica frase: “Tu no querías Nuebayol? Coge Nuebayol”
Pero no pude encontrar el video clip exacto, gracias a esto terminé
descubriendo en Youtube que alguien había posteado en diez partes la clásica película dominicana,
Nuebayol. Como no la había visto desde que se extrenó en el 1995 decidí verla otra vez.
Esta vez, después de vivir 11 años en NY la vi con otros ojos, el film tomó otra vida y
pude apreciarlo de una manera distinta.
Recuerdo que en aquellos tiempos no le hallé
nada malo a la película y que a través de los años seguía considerándola una de
las mejores de Rep. Dominicana sin ni siquiera acordarme bien de la trama.
Durante esta segunda ocasión pude notar muchas de sus deficiencias, la
actuación media teatral del primo de Balbuena, el acento raro de la enamorada
de Balbuena, que sin ponerme a googlear podría decir que suena más como acento
venezolano. Pero a la vez pude percibir, lo bien reflejadas que quedaron las idiosincracias dominicanas. Incluso descubrí que la película se le ha entrado tanto por las venas a los dominicanos de New York, que hay chistes que personas que ha visto la película te hacen en los que ellos cuentan anécdotas de cosas que le pasaron a alguien que ellos conocen, pero inconscientemente ellos relatan sin darse cuenta escenas de esa película. En fin, me gustó mucho verla y comparar mi
llegada a Nueva York a esa de Balbuena.
Recuerdo vagamente que cuando mis dos hermanos, mis padres y yo llegamos nos tuvieron que dividir, para que la carga no fuera tan pesada. Yo me quedé con mi tía, mis hermanos con mi abuela y mis padres con mi tío. (Pensándolo bien voy a tener que preguntarle a mis hermanos y padres dónde fue exactamente que ellos se quedaron cuando llegaron porque ahora mismo eso no es un dato que tengo bien claro.) No me da vergüenza el no tener esos datos claros ya que de cierta forma cuando uno escribe y trata de desempolvar los recuerdos de vez en cuando uno termina dándose cuenta que hay cosas en las cuales no habíamos pensado en mucho tiempo que ya no son tan precisas, que el tiempo nos las ha cambiado y entonces tenemos que recurrir a la memoria de los otros para ver si nos dan una aclaración de esos acontecimientos ‘históricos’.
Recuerdo vagamente que cuando mis dos hermanos, mis padres y yo llegamos nos tuvieron que dividir, para que la carga no fuera tan pesada. Yo me quedé con mi tía, mis hermanos con mi abuela y mis padres con mi tío. (Pensándolo bien voy a tener que preguntarle a mis hermanos y padres dónde fue exactamente que ellos se quedaron cuando llegaron porque ahora mismo eso no es un dato que tengo bien claro.) No me da vergüenza el no tener esos datos claros ya que de cierta forma cuando uno escribe y trata de desempolvar los recuerdos de vez en cuando uno termina dándose cuenta que hay cosas en las cuales no habíamos pensado en mucho tiempo que ya no son tan precisas, que el tiempo nos las ha cambiado y entonces tenemos que recurrir a la memoria de los otros para ver si nos dan una aclaración de esos acontecimientos ‘históricos’.
En la película Fellito y Balbuena caminan por las
calles de Manhattan y entran a un montón de tiendas a buscar trabajo. Esas
escenas me causaron risa porque mi tío también hizo lo mismo conmigo. Con
apenas dos semanas en la ciudad, y sin todavía tener mi tarjeta de Seguro
Social, mi tío ya me estaba llevando a un sin número de tiendas para ver si me
daban trabajo. Ya de esas tiendas no me acuerdo, la única que recuerdo es de
esa visita que hicimos a un Mcdonald de la calle 207. Recuerdo que desde que él
mencionó que aún no tenía Social Security dijeron que no había nada para mí.
Semanas después, a través de una amiga mi tío logró
conseguirme un trabajo en una factoria de NJ. En esa factoría se fabricaban
cajas plásticas para video cassettes . Ese fue mi primer trabajo, cuatro días
después, a través de un amigo me consiguió un trabajo mejor en Manhattan en
donde trabajé por casi 7 años. A mi me gusta mucho contar la historia de ese
primer trabajo, de cierta manera me gusta más contarla oralmente que
escribirla, ¿No sé por qué? ¿Quizás sea la vagancia? Creo que siempre hay cosas que se dicen
mejor cara a cara.
Bueno... de todos modos sólo quería comentar en esa similitud entre mi llegada a la de Balbuena. También de cierta manera siempre me ha gustado saber cuales han sido los primeros trabajos de la gente que conozco o la gente famosa, me resulta interesante porque muchas veces uno puede ver que tan lejos han llegado o que tan cerca están de sus inicios. Creo que por eso disfruté tanto escuchar el audiobook de la biografía de Steve Jobs. (A propósito del tema, ayer leí una entrevista que le hicieron al comediante Louis C.K. en la cual el mencionaba que llegó a trabajar en una tienda de video, en un taller de mecánica y en un Kentucky Fried Chicken.)
Bueno... de todos modos sólo quería comentar en esa similitud entre mi llegada a la de Balbuena. También de cierta manera siempre me ha gustado saber cuales han sido los primeros trabajos de la gente que conozco o la gente famosa, me resulta interesante porque muchas veces uno puede ver que tan lejos han llegado o que tan cerca están de sus inicios. Creo que por eso disfruté tanto escuchar el audiobook de la biografía de Steve Jobs. (A propósito del tema, ayer leí una entrevista que le hicieron al comediante Louis C.K. en la cual el mencionaba que llegó a trabajar en una tienda de video, en un taller de mecánica y en un Kentucky Fried Chicken.)
Retomando la conversación acerca de las llegadas… también recuerdo cuando salí
del JFK con maletas en manos y la primera persona que vi fue un hombre vestido
totalmente de negro, con un sombrero puesto y con mechones rizados de cabellos
que le bajaban hasta el cuello. Extrañamente la vestimenta del tipo me evocó la
imagen de Abraham Lincoln. Años después cuando vi una guagua llena de hombres
vestidos igual que el tipo, me di cuenta que esa vez me había topado con un judío jasídico.
Aunque esto que voy a decir es medio random, otra cosa
que me llamó la atención cuando llegué a NY fue ver lo iluminada que estaban
las autopistas y lo moderno que se veían los anuncios de tráfico en la calle.
Esas letras anaranjadas aún las recuerdo como si fuera ayer. (Looking back, creo que mi admiración por la claridad de la ciudad en aquel tiempo tuvo mucho que ver a que acaba de llegar de la tierra de los apagones, en donde las autopistas hay que manejarlas con luces altas por que casi no se ve nada.)
P.D. Se siente bien llegar de nuevo a este blog,
aunque la tecnología haya avanzado tanto desde esa primera vez que escribí aquí en Septiembre del 2005, aún se siente bien compartir
estas palabras con los internautas que a veces por error o por costumbre se asoman por aquí. Aunque ya existan métodos más modernos y fáciles para
expresar ciertas cosas, hay cosillas que sólo el formato largo de un blog las hace florecer.
Saturday, December 31, 2011
La Doña y su Silla de Ruedas
Ayer tarde salí del super mercado y cuando
le voy pasando por el lado a una viejita ella me habla. Para escucharla mejor
me quito los audífonos y le pido que me repita lo que me dijo.
“Me puedes empujar hasta la parada del autobús?”
Lo pensé por unos segundos y accedí a su
petición. En su silla de ruedas cargaba todo su mundo, al parecer vivía en
la calle y llevaba a rastros un montón de bolsas llenas de ropas y corotos.
La silla estaba pesada y era bien incómodo
empujarla, porque al tener tantas bolsas colgadas, era difícil
empujarla de cerca. Tuve que hacerlo con mis brazos extendidos. Mientras la
empujaba veía su pelo corto y gris. (Noté que tenía una cicatriz de más o
menos una pulgada en la cabeza.) Ella fumaba silenciosamente un cigarrillo y esto me resultó intrigante. Pensé de
inmediato en el cigarrillo como instrumento que facilita un suicidio lento,
además me empecé a imaginar la vida de vicio que quizá llevaba la ancianita.
La parada de la guagua no se veía por ningún,
ya había caminado unos 100 metros y ya estaba imaginándome un sin número de
cosas raras. ¿Y si se me cae de la silla la vieja y me quiere demandar? ¿Se
pasará esta señora todo el día pidiéndole a la gente que la empujen? Bueno, me
imaginé que sí, el cigarrillo de cierta manera me hizo verla como una ancianita
muy astuta y no la culpo, si estuviera en la misma situación también haría lo
mismo, ya que en esta ciudad de California no queda nada cerca.
Otra cosa que me vino a la mente fue lo
raro que seguramente se veía la escena de este joven bien vestido empujando a
una señora inválida y desamparada. A la misma vez me imaginé lo radical que se
vería una foto mía con ella, ella fumando su cigarrillo y yo con mi audífonos
puestos. La foto reflejando totalmente la soledad del ser humano y como cada
cual estaba ensimismado, ella con su cigarrillo y yo con mis audífonos blancos, sin en ningún momento vernos tentados a entablar una conversación.
Cien metros más tardes llegamos a la parada
de la guagua. La dejé al lado de una banca y cuando la veo de frente y me
despido, me doy cuenta que ella quería darme una propina.
En sus manos tenía tres dólares estrujados,
extendió su mano para dármelos para pagarme el favor. Le dije que no, le dije
adiós y me fui.
Su gesto me sorprendió muchísimo, y de
cierta manera borró esos prejuicios que me había establecido sin conocerla a
través de nuestro trayecto. El final de esta historia, ni Cervantes se lo
hubiese imaginado, esta es una de esas situaciones en que la realidad
trasciende la ficción. A fitting ending, a fitting ending.
Wednesday, December 28, 2011
De Vuelta a Casa
No puedo creer que fue en Agosto que prometí que volvería a escribir más a menudo. (Qué jablador!)
Ya estamos a ley de tres días para terminar el año, tiempo de recuentos, resoluciones de fin de año, countdowns, y todo tipo de listas.
El 2011 fue para mí el año menos productivo en mi 'carrera literaria,' no recuerdo haber escrito ningún cuento o poema. Fue un año en el cual me fui en blanco como dicen los narradores de juego de pelota.
De leer al menos 50 libros al año en el 2011 leí tal vez unos 6. (Increíblemente este año escuché más audiobooks).
Podría atribuirle mi ausencia este año a mi nuevo trabajo, especialmente durante la primera mitad del año en la cual me la pasé 'tomándole el piso', tratando de adaptarme a mi nueva posición y las responsabilidades, además de eso, tuve que pasar varios meses planeando mi mudanza a California, para que la transición fuese bien smooth como dicen los americanos.
De Julio para acá le echo la culpa a mi vagancia. Desde que llegué a California me la he pasado leyendo blogs de finanzas y economía, viendo películas y series de televisión. Además de bailar y trabajar, he pasado un buen tiempo adaptándome a la nueva vida, conociendo gente, conociendo lugares y tratando de hacer de este lugar mi casa.
Considero que para escribir también hay que vivir, y eso es lo que he estado haciendo este año a demasía. Amando a plenitud, disfrutando de la presencia de mis amigos y seres queridos, disfrutando de la naturaleza, pedaleando a todas partes, etc.
El pasado fin de semana empecé a leer El Túnel de Ernesto Sabato y esta novelita fue suficiente para encender la chispa en mí. No hay nada como una buena lectura para que le entren a uno nuevamente las ganas de volver a crear y a plasmar ideas. La novela de Sabato me hizo recordar L'Etranger de Albert Camus, estoy casi seguro que Sabato se inspiró de Camus, ya que Meursault se parece mucho al pintor del Túnel.
Entre mis resoluciones de fin de año he decidido volver de lleno a la escritura, ya es hora de dejar los films de un lado y de volver otra vez a los brazos de mi amada literatura, la que siempre sabe como llenarme el vacío existencial que me causa distanciarme de ella.
En mi última serie de post hablé de Las Despedidas, pienso empezar el año hablando de las llegadas y como éstas me han transformado y me han llenado de nuevas perspectivas.
Feliz fin de año,
Hasta pronto
Ya estamos a ley de tres días para terminar el año, tiempo de recuentos, resoluciones de fin de año, countdowns, y todo tipo de listas.
El 2011 fue para mí el año menos productivo en mi 'carrera literaria,' no recuerdo haber escrito ningún cuento o poema. Fue un año en el cual me fui en blanco como dicen los narradores de juego de pelota.
De leer al menos 50 libros al año en el 2011 leí tal vez unos 6. (Increíblemente este año escuché más audiobooks).
Podría atribuirle mi ausencia este año a mi nuevo trabajo, especialmente durante la primera mitad del año en la cual me la pasé 'tomándole el piso', tratando de adaptarme a mi nueva posición y las responsabilidades, además de eso, tuve que pasar varios meses planeando mi mudanza a California, para que la transición fuese bien smooth como dicen los americanos.
De Julio para acá le echo la culpa a mi vagancia. Desde que llegué a California me la he pasado leyendo blogs de finanzas y economía, viendo películas y series de televisión. Además de bailar y trabajar, he pasado un buen tiempo adaptándome a la nueva vida, conociendo gente, conociendo lugares y tratando de hacer de este lugar mi casa.
Considero que para escribir también hay que vivir, y eso es lo que he estado haciendo este año a demasía. Amando a plenitud, disfrutando de la presencia de mis amigos y seres queridos, disfrutando de la naturaleza, pedaleando a todas partes, etc.
El pasado fin de semana empecé a leer El Túnel de Ernesto Sabato y esta novelita fue suficiente para encender la chispa en mí. No hay nada como una buena lectura para que le entren a uno nuevamente las ganas de volver a crear y a plasmar ideas. La novela de Sabato me hizo recordar L'Etranger de Albert Camus, estoy casi seguro que Sabato se inspiró de Camus, ya que Meursault se parece mucho al pintor del Túnel.
Entre mis resoluciones de fin de año he decidido volver de lleno a la escritura, ya es hora de dejar los films de un lado y de volver otra vez a los brazos de mi amada literatura, la que siempre sabe como llenarme el vacío existencial que me causa distanciarme de ella.
En mi última serie de post hablé de Las Despedidas, pienso empezar el año hablando de las llegadas y como éstas me han transformado y me han llenado de nuevas perspectivas.
Feliz fin de año,
Hasta pronto
Thursday, August 25, 2011
Las Despedidas (Cuarta Parte)
Las despedidas que más nos marcan, como dije anteriormente, son usualmente esas que separan radicalmente el pasado del presente. Con mi partida a California sentí algo similar a lo que sentí aquella vez cuando dejé República Dominicana.
Esa mañana que me iba, cuando mi mamá se despidió de mí ni las palabras le salían. Tuve un flashback, como en aquellos años en los que mi papá se iba. Esta vez fui yo quien lo susplantó, fui yo quien no lloró, fui yo quien se fue a buscar una mejor vida para mí y para todos. Esta vez fue a mí que me tocó dejar toda mi familia, amigos, vida y rutinas detrás.
Pero admito ahora que fui fuerte y me contuve de llorar ante ella. Pero en el avión, por más de una hora no paré de llorar como aquella vez que dejé mi islita atrás. Quizás a mi papá le pasó lo mismo, tal vez al igual que yo se hacía el fuerte ante nosotros y en el avión se bañaba en sus lágrimas.
Al igual que él llevo en mi su filosofía, estoy vivo, no he muerto, seguiré visitando y los tendré siempre presente.
Otra vez reaparece la misma interrogante ¿A quién le duele más al que se va o a quien se queda?
En realidad no sé, sólo puedo hablar por mí. Y es difícil estar en un lugar donde a nadie le importas mucho.
Es difícil alejarse de esa realidad que por más de una década viví, para empezar a adaptarme a otra realidad.
P.D. Ahora mismo me encuentro en Milwaukee, esperando que el avión que me llevará a NY decida partir. Espero con paciencia y esmero esa hora en la que pisaré y besaré otra vez a mi amada, a esa ciudad que me ha dado tantos amigos, tantos conocimientos, a esa ciudad que despertó en mí la pasión por la lectura y la escritura.
Esa mañana que me iba, cuando mi mamá se despidió de mí ni las palabras le salían. Tuve un flashback, como en aquellos años en los que mi papá se iba. Esta vez fui yo quien lo susplantó, fui yo quien no lloró, fui yo quien se fue a buscar una mejor vida para mí y para todos. Esta vez fue a mí que me tocó dejar toda mi familia, amigos, vida y rutinas detrás.
Pero admito ahora que fui fuerte y me contuve de llorar ante ella. Pero en el avión, por más de una hora no paré de llorar como aquella vez que dejé mi islita atrás. Quizás a mi papá le pasó lo mismo, tal vez al igual que yo se hacía el fuerte ante nosotros y en el avión se bañaba en sus lágrimas.
Al igual que él llevo en mi su filosofía, estoy vivo, no he muerto, seguiré visitando y los tendré siempre presente.
Otra vez reaparece la misma interrogante ¿A quién le duele más al que se va o a quien se queda?
En realidad no sé, sólo puedo hablar por mí. Y es difícil estar en un lugar donde a nadie le importas mucho.
Es difícil alejarse de esa realidad que por más de una década viví, para empezar a adaptarme a otra realidad.
P.D. Ahora mismo me encuentro en Milwaukee, esperando que el avión que me llevará a NY decida partir. Espero con paciencia y esmero esa hora en la que pisaré y besaré otra vez a mi amada, a esa ciudad que me ha dado tantos amigos, tantos conocimientos, a esa ciudad que despertó en mí la pasión por la lectura y la escritura.
Wednesday, August 24, 2011
Las Despedidas (Tercera Parte)
El 31 de Agosto harán ya 11 años de mi salida de la República Dominicana. Un exiliado económico más como dirán por ahí.
Todavía recuerdo el caos de esos últimos días en que la gente como buitres visitaban mi casa con frecuencia para ver con que parte del botín se quedarían. Mis padres llegaron a vender unas cuantas cosas, pero la gran mayoría quedó en manos de un sin número de familiares y desconocidos.
(Como siempre es el caso, los libros nadie los quiso. Esos quién sabe en qué basurero estarán descomponiéndose.)
A pesar de los años que han pasado, muchos recuerdos de esos últimos días aún siguen intactos, como si este viejo cuerpo todavía tuviese 18 años.
(Ahora que me decido y me dispongo a escribir estas cosas me llegan memorias de las cuales no había pensado hablar, pero la escritura tiene esa magia, que desde que uno se lanza a poner una palabra junto a la otra comienza un proceso involuntario de desempolvamiento mental.)
En esos días antes de que mi vida cambiara completamente recuerdo que fluía dentro de mí un excitement como dicen los gringos, estaba emocionado con la vida que me esperaba, emocionado con conocer la mítica ciudad de Nueva York, esa ciudad donde había trabajos para todos y en donde la gente tiraba a la calle electrodomésticos casi nuevecitos. Recuerdo también que en esos tiempos tenía ilusiones de jugar basketball universitario y quizás llegar a la NBA. Eran tantas las cosas buenas que parecían venir que le presté muy poca atención a las cosas que dejaría atrás. A mis amigos, a los juegos de basketball en el centro juvenil Salesiano, el clima, los viajes a las playas y los ríos. Como siempre pasa, terminé subestimando lo que tenía y sobrevalorando lo desconocido.
Sin embargo, cuando retrocedo y veo como se ha desenlazado mi vida, no me arrepiento de que las cosas hayan sucedido así. Después de todo en esta vida no se puede tener todo a la vez, hay que tomar decisiones en las que se pierde para siempre algo querido o algo que nos hacía sentir bien o querer que el tiempo se congelara. Everything is a trade off, todo es un trueque en esta vida.
De esa primera gran ruptura a mi vida diaria recuerdo como nos subimos todos en un minibus que nos llevaría al aeropuerto de la capital. A mí me había tocado sentarme junto a la ventana. Con mis ojos pegados al cristal trataba de capturar de forma glotona todo el paisaje del barrio que me vio crecer. El minibus fue acelerando y poco a poco me alejé de ese viejo yo que se quedaba sentado en una mecedora bajo la sombra de un caobo.
Todavía recuerdo el caos de esos últimos días en que la gente como buitres visitaban mi casa con frecuencia para ver con que parte del botín se quedarían. Mis padres llegaron a vender unas cuantas cosas, pero la gran mayoría quedó en manos de un sin número de familiares y desconocidos.
(Como siempre es el caso, los libros nadie los quiso. Esos quién sabe en qué basurero estarán descomponiéndose.)
A pesar de los años que han pasado, muchos recuerdos de esos últimos días aún siguen intactos, como si este viejo cuerpo todavía tuviese 18 años.
(Ahora que me decido y me dispongo a escribir estas cosas me llegan memorias de las cuales no había pensado hablar, pero la escritura tiene esa magia, que desde que uno se lanza a poner una palabra junto a la otra comienza un proceso involuntario de desempolvamiento mental.)
En esos días antes de que mi vida cambiara completamente recuerdo que fluía dentro de mí un excitement como dicen los gringos, estaba emocionado con la vida que me esperaba, emocionado con conocer la mítica ciudad de Nueva York, esa ciudad donde había trabajos para todos y en donde la gente tiraba a la calle electrodomésticos casi nuevecitos. Recuerdo también que en esos tiempos tenía ilusiones de jugar basketball universitario y quizás llegar a la NBA. Eran tantas las cosas buenas que parecían venir que le presté muy poca atención a las cosas que dejaría atrás. A mis amigos, a los juegos de basketball en el centro juvenil Salesiano, el clima, los viajes a las playas y los ríos. Como siempre pasa, terminé subestimando lo que tenía y sobrevalorando lo desconocido.
Sin embargo, cuando retrocedo y veo como se ha desenlazado mi vida, no me arrepiento de que las cosas hayan sucedido así. Después de todo en esta vida no se puede tener todo a la vez, hay que tomar decisiones en las que se pierde para siempre algo querido o algo que nos hacía sentir bien o querer que el tiempo se congelara. Everything is a trade off, todo es un trueque en esta vida.
De esa primera gran ruptura a mi vida diaria recuerdo como nos subimos todos en un minibus que nos llevaría al aeropuerto de la capital. A mí me había tocado sentarme junto a la ventana. Con mis ojos pegados al cristal trataba de capturar de forma glotona todo el paisaje del barrio que me vio crecer. El minibus fue acelerando y poco a poco me alejé de ese viejo yo que se quedaba sentado en una mecedora bajo la sombra de un caobo.
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